Fue un tres de Septiembre de 2013 que aterricé en un Mustang rojo en mi montaña embrujada; era un día fresco, el director de la escuela del cantón Las Pilas esperaba a que llegara, me tenía una suite de lujo cuyo costo ascendía a cuarenta dólares salvadoreños mensuales, con el derecho a escuchar los quejidos y pujidos de los amantes secretos; nada mal para mi mente perversa.
Por: Francisco Parada Walsh*
Ese mismo día me apersoné a la escuela y fui presentado con los docentes; me involucré a dar sencillas charlas a todos los grados, iniciamos un concurso de pintura y uno de mis logros más grandes fue enseñarles a leer en público a un grupo de estudiantes, leían de izquierda a derecha y viceversa, los hacia que aprendieran entonación, al principio la pena me estaba derrotando pero luego, era una fila larga de alumnos que se morían por participar y leer, seguros, con aplomo; eso jamás lo olvidaré.
La abundancia de escasez es mi diario vivir, la vida sencilla y barata me hacía feliz, poco a poco empecé a dar clases de inglés, fue un fracaso pues el frio de diciembre, pudo más que mis buenos deseos, y entiendo a cualquier persona que entre estar repitiendo como loro un verbo, mejor estar empiernado con su consorte sin suerte. Entre mis manías está la búsqueda de orquídeas, y empecé a vagar por bellos parajes, y de a poco tuve una pequeña colección de tan bella flor.
Mientras, mi vida transcurría en escribir, vagar, leer muchísimo y ver películas de a peso, no tenía cable ni buena señal; ese era un día común y cuando había algunos reales, despescuezaba una botella de vino o de tequila.
Pasé dos años sin ejercer la profesión más hermosa del mundo, de repente aparece un médico charlatán que de la forma más increíble, se lucraba de la sencillez de mi gente; no tengo un gen de súper héroe ni he venido a salvar a este mundo pecador al que pertenezco sin embargo decidí abrir mi changarro, era una bella clínica, me hice un juramento, si en un mes de atender pacientes presentaba alguna duda o no pudiera resolver un problema, no ejercería nunca; ese primer mes saqué lo del alquiler que eran noventa pesos y no hubo una duda o un mal diagnóstico que me hiciera desistir de seguir en mi proyecto.
A veces me prestaban algún amigo caballo y galopaba por montes y veredas, me encanta montar a caballo y después de un largo paseo venía un buen tasajo de carne y ese vino que en vano limpia mis venas. Soy amante de todo animal posible, menos de un animal humano y el casero con sendos rasgos de psicópata disfrutaba envenenar perritos y una vez que mató a cuatro perritos que llegaban a comer a mi cuarto, decidí irme, no puedo ver a un perro agonizando cuyo pecado es dar amor y buscar quién los quiera y les dé comida.
Encontré un hotel de nombre Eterna Primavera, ahí pasé más de tres años, siempre en el cantón Las Pilas, la clínica era lindísima, mi cuarto era aparte y no podían faltar mis amigos bigotes y perrunos; pasé un buen momento en ese hotel, era mágico, muy bello.
Empecé a recibir llamadas de lectores que querían subir a conocerme, honor para mí; muchos colegas subieron a mi montaña embrujada con bolsas enormes de medicina y bolsitas pequeñas de cervezas, grave error pero la sugerencia se decía y la próxima visita se equiparaba tanto la medicina a donar con el guaro a tomar. La belleza de la mujer de Chalatenango es única, jóvenes bellísimas que como viejo fuera de combate, solo se admiraban, demasiado bellas.
Tenía un pequeñito ahorro y decidí comprar una tarea de tierra, entre más lejos, mejor, así es mi vida, amo la soledad, la amo más que a nada; construí un cuarto de adobe, en mi mundo pensé que no gastaría ni mil quinientos pesos, ¡Qué equivocado estaba! En tres años, de a poco me venía con el maestro de obra y yo era el ayudante, todo lo hice poco a poco; es una casita chiquitita, calientita, bonita, cariñosita, suficiente para vivir y poder tener cuánto perro y gato quiera, y a veces alguna gatita salvaje que me da calor, calor del bueno.
Ni acordarme quiero que en este momento dejo de escribir y miago a la gatita. Aquí, es remoto, así es mi vida, aquí es sencillo, así es mi vida; aquí es solitario, así es mi vida y si, después de la pandemia recordaba al cura de Cristo Redentor que en un domingo común se zampaba como cinco copadas de vino, frente al penitente y ¿Por qué no hacerlo yo? La montaña embrujada me tiene más loco y feliz, lunes o domingo dan lo mismo, un dólar o veinte, alcanza; ver a los perros dar vueltas de perro mientras se devanan en el pasto es bellísimo, ver a los gatos corretearse y saltar como maestros de artes marciales me hace feliz; por más que quiero, nunca puedo despertarme tarde, siempre estoy con el café negro con azúcar blanca en tazas verdes como la esperanza antes de las cuatro, esa es mi hora, a esa hora empiezo a escribir, vienen algunas ideas pero las mejores vienen después de una caminata por un bellísimo o tantos parajes que hay acá; que me salga el pájaro león no me preocupa, el pájaro canta y canta y lo he buscado y nunca lo he visto; el león, creo que ya pasó al menú de la montaña: Leoncito con papas.
Escribo viendo obras de arte, montañas, lindísimos cipresales, y mientras, empiezan las cervezas a llamarme, no sé cómo saben mi nombre pero me dicen suavemente: ¡Francisco, estoy fría, sé que te gusta todo lo caliente, pero ven a mí, pequeño diablillo! me hago el desentendido, pero caigo rendido al lúpulo; ese es un día normal.
Quisiera ser Alain Delon que ha pedido que lo entierren junto a sus animales, gatos y perros, lo mismo quisiera, lo mismo. No es un cementerio clandestino donde entierro al gatuno que sufre alguna enfermedad, es un lugar al que respeto mucho, así como ellos serán devorados por la tierra a la que hemos de volver, lo mismo me debe pasar a mí, somos iguales.
Leo todo lo que llega a mis manos, todo lo que dispongo está leído y poco a poco me quedo sin nada que leer, no puedo comparar el aroma de un libro con un artículo en las redes sociales ¡Jamás! El libro habla, llora, ríe; el artículo, no. No soy de desvelarme, no, soy de día no de la noche y así, poco a poco, mi historia en mi montaña embrujada debe llegar a su fin, para el que estoy, totalmente preparado.
*Médico salvadoreño