Ganar o perder la calle

Desde tiempos remotos los caminos y las calles han significado para la humanidad símbolo de progreso y desarrollo. Así observamos el desarrollo del imperio romano que se distinguió por la construcción de caminos en donde la población se desplazaba y se movía el comercio, los intercambios de mercadería han tenido mucho que ver con esto.

Por: Igor Iván Villalta Sorto*

En este sentido podemos evaluar el estado de una población precisamente observando si tiene calles o caminos, y el tipo de calles y caminos.

Pero no sólo para eso han servido las calles, también han sido estratégicas para el movimiento de tropas y pertrechos bélicos para hacer la guerra. En ese contexto en que el enemigo tenga buenas calles y buenos puentes es estratégico, y también para el sitio de ciudades enteras que no llegue el suministro, además de asestar golpes estratégicos al enemigo planteando emboscadas. En nuestra guerra civil tenia un contacto que siempre me recordaba: “la guerrilla se mueve por veredas; las calles son del enemigo”.

Dagoberto Gutiérrez expresa otra frase muy aleccionadora: “el poder se gana o se pierde en la calle”. Recordemos que en nuestro conflicto bélico la lucha inició en la calle, eran grandes manifestaciones que hacían temblar al régimen, este respondía a balazo limpio, asesinando a todo aquel que osara desafiar al régimen fueran estos hombres, ancianos, mujeres o niños, había que exterminar a las hordas comunistas que atentaban contra el régimen legitimo y democrático, enarbolando ideologías exóticas que difunden el odio de clase.

Al instalarse el régimen de la familia Bukele y sus socios, la sociedad salvadoreña entra en una anomia social, unos celebrando “el triunfo del pueblo” y otros expectantes y preocupados debido a que este hecho significaba entregar el poder a un grupo a todas luces autoritario. Luego viene la pandemia en donde el régimen aprovecha para obtener miles de millones de dólares en préstamos enfrentando una asamblea temerosa y muchas veces genuflexa a los designios del presidente que había llegado a la primera magistratura del país con un avasallador apoyo popular.

Los diputados pensaban más en ser reelectos en las próximas elecciones, que en ejercer su papel como diputados. La pandemia fue aprovechada para influir en la mente de las personas para que tuvieran terror de siguiera salir a las puertas de sus casas, debido a que se habían instalado centros de alberque en donde convivían infectados con Covid y personas sanas, pero esto, y de acuerdo con el discurso gubernamental, debíamos verlo como un ejemplo para el mundo de lo bien que se estaba trabajando el gobierno en el control de la pandemia, y no como muchas pensaban que eran medidas draconianas.

La población atemorizada veía como sus derechos se anulaban cada vez más y se preguntaba con angustia, pero si nadie hace nada. A excepción de algunos grupos de personas valientes que se atrevieron a salir a las calles y protestar, y no sólo eso, se movilizaron por las calles siendo apenas unas cuantas decenas de individuos. Pero los desmanes del grupo dominante se volvían cada vez más agresivos y prepotentes, encarcelando, asesinando, callando, espiando, exilando, a muchos de los cuales consideraba como iconos de la oposición activa al gobierno.

El descontento y la indignación crece y se manifiesta en la marcha del 15 de septiembre en donde más de 60,000 salvadoreños salimos a las calles a protestar, esto preocupó y preocupa al gobierno, y se quiebra la cabeza de el como detener a ese conglomerado de personas que no sigue los dictados del presidente, que no aplauden todo, sino cuestionan.

Al terminar las restricciones impuestas por la pandemia, aunque esta persiste, pero se ha logrado controlar. Bukele emplea una nueva estrategia para seguir con el esquema de confrontación y deslegitimación del movimiento popular. Las pandillas llenan ese vacío, justificando el combate de estas con medidas que restringen aún más las libertades ciudadanas, extralimitando en su accionar, violando moradas y capturando a líderes sociales y a otras personas que no tienen nada que ver con el accionar de las padillas.

El grupo de Bukele y sus aliados, ha sabido explotar el discurso maniqueísta de encontrar al enemigo que no deja realizar todo lo bueno que tiene reservado el gobierno para la población, buscando siempre a los malos de la película y relacionándoles con quienes quiero aislar, denigrar, ubicándolos como los malos.

Colocando en el discurso gubernamental a todos aquellos que discuten las medidas del gobierno, como amigos de las pandillas, como financistas de estas, por tanto, como lo expresó nuestro flamante ministro de trabajo, pueden ser perseguidos y capturados en cualquier momento todos aquellos que marchen el 1 de mayo.

Llama la atención porque esa amenaza no la hizo el presidente en su cuenta de Twitter, y porque razones ahora los funcionarios del régimen se desmarcan de ese discurso, acaso se trató de un exabrupto del ministro, o demostrar poder y fuerza en momentos difíciles.

En la lógica de los acontecimientos y tomando en cuenta el discurso gubernamental que detrás de este gobierno no existe nadie más que el pueblo, debiéramos esperar que en este primero de mayo el ministro de trabajo saludara a la clase trabajadora, y agradeciera los grandes y valiosos aporte que hacen día con día al país, y no amenazándonos con la cárcel.

*Biólogo e investigador

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