Recientemente ocurrió la suspensión de la energía eléctrica en casi en todo Centro América, por cosas del destino mi montaña y mi caserío no se vieron afectados; mientras leía diferentes comentarios en las redes sociales vino a mi mente esas dos palabras.
Por: Francisco Parada Walsh*
¡A Oscuras! No tienen mayor significado por sí solas sin embargo cuando comparo lo que vivimos en estas lagrimosas tierras entendí que vivimos eternamente
¡A oscuras! el apagón más fuerte y con mayor duración de nuestra historia es el apagón de un gobierno fallido; tristemente somos seres humanos apagados en todo sentido por ende, nos es difícil reparar dónde hay luz y dónde hay oscuridad.
Llama la atención el invierno que vivimos, sin embargo hace un par de días entendí que esa lluvia son lágrimas de las madres de los desaparecidos, de los miles de detenidos, lágrimas del desempleado y no me extraña que este sea el invierno más duro que le toque vivir a mi gente.
¡A oscuras! Vivimos y morimos a oscuras y la oscuridad tiene tantas tonalidad, no hay una luz en Casa Presidencial que ilumine mi camino, ya pedir que dé luz al conglomerado y dé a luz a un rebaño no tan perdido lo dudo mucho, muchísimo; quizá en un futuro seré egoísta y deberé ir cambiando poco a poco a volverme un salvadoreño de pura cepa, como tal debo ser egoísta, misógino, cobarde e indolente y pensar que esa oscuridad en que vivo es tan solo un estado normal de una sociedad anormal
¿Qué puedo hacer para cambiar oscuridad por luz! En estos países sufrientes ni volviendo a nacer lograría tal anhelo, la reencarnación me tiene jodido, es más fácil que esa muerte-vida me envíe a otra mayor oscuridad, y debo preferir lo que vivo y sufro y si hablo del karma, igualmente el darma a recibir será mayor y nuevamente debo aprender a vivir en la oscuridad, a dar palos de ciego, y quizá, aun con una luz tenue, con un destello que me haga ver pueda dar sendos garrotazos a tantos culpables de la oscuridad y amparándome en mi ceguera, que sendos golpes recibidos los deje fuera del combate de la vida y quizá, solo así, este país pueda ver su luz.
¡A Oscuras! Pasa la vida, se vive la muerte; trato de viajar a mis entrañas y solo puedo ver un corazón negro palpitando sangre como el alquitrán, como la brea, como el petróleo y como la maldad, no hay señales de bombear sangre roja, quizá chirle pero roja, todo es negro, aun, mi vida es una oscuridad total, soy incapaz de dar luz a otros, no me culpo, es lo que he visto desde niño, esa dureza para compartir e iluminar al salvadoreño que ama tener una venda en sus ojos es mi acta de nacimiento.
¡A Oscuras! Seguirá mi vida y la de tantísimos compatriotas, unos, ciegos ante la luz de la indiferencia y otros, que su ceguera es reciente ante la negación de lo que viven, no sé, pero somos tan sencillitos, tan dóciles que basta solo la zanahoria y sin necesidad del garrote para caminar por veredas que poco a poco se vuelven senderos tortuosos, nebulosos donde las flores y cafetales son las manos de los desaparecidos que desean tocarnos, avisarnos que ahí están, que nadie los ve, que viven
¡A Oscuras! El oscurantismo nos cobija, somos apenas vestigios de un mundo donde el mal siempre ha triunfado, hordas de sencillez, de fanatismos, de violencias llenan las gradas de un estadio donde nuevamente es el opio disfrazado de algún deporte, nos derretimos con la luz de Bad Bunny ¡Increíble! Y llenamos hasta el copete cualquier evento religioso aunque, encabezamos el país con más presos en el mundo.
¡Qué decir del pan! Ya ni necesidad hay, circo tenemos de sobra aunque el arlequín no se ve, el mimo no es blanco, es negro, no, no, soy yo el que no ve, porque vivo y muero ¡A oscuras!
*Médico salvadoreño