Alemania: una elección que no da pasos a una solución.
Por: Ruben Montedonico Rodríguez.
El domingo hubo elecciones en Alemania, país que se había destacado en
Europa Occidental -nación puntera por años en el contexto de la UE- como poseedor
de sólidas instituciones, buen desempeño económico interior y el mayor productor de
bienes y servicios, sobresaliendo en la industria automotriz, metalmecánica y de laboratorios
-entre otros rubros-, tenido en política como referente para el resto de las naciones
de clara inspiración y prácticas capitalistas.
Sin embargo, la desaparición de la escena política de Angela Merkel, el cambio de partido
por parte del “premier” y la descomposición del cuadro coaligado de intereses del Ejecutivo,
derivaron en la actual convocatoria electoral que renovó el cuadro de fuerzas en presencia
en el Bundestag, la construcción de una nueva alianza coaligada que le permita al gobierno
tener un legislativo que numéricamente apoye a quien se escoja como líder y a su gabinete
ministerial.
Los comicios se celebraron bajo algunas condiciones especiales: una Unión Europea no
deseada totalmente por su “socio” estadunidense -que en general la trata como un dependiente
y la ve, en otros casos, como un competidor; la extrema dependencia impuesta a esa organización
por el pacto militar -dirigido desde la Casa Blanca-; los males, aparentemente
no tomados en cuenta, de las sanciones contra Rusia por la invasión y guerra contra Ucrania;
dos años (2023 y 2024) de crisis económica con cesantías y convulsiones sindicales ante un
gobierno incapaz de solventar la crisis y la aceptación germana de las condicionantes para la
permanencia en la OTAN y mantenerse a la sombra “protectora” de EEUU. Trump ha dicho
-antes y ahora- que el mínimo exigible para permanecer en el pacto militar era aportando el 2%
del PBI: el gobierno alemán señaló que estaba dispuesto a pagar el 3% del PBI. (ver declaraciones
del ministro de Defensa, Boris Pistorius).
Este panorama ya tuvo diversas formas de expresión contradiciendo la voluntad gubernamental.
Por ejemplo, en cuanto a las pretensiones estadunidenses de extender las sanciones contra Rusia
y por esa vía intentar el fracaso de los BRICS y dar continuidad a las acciones de nueva “guerra
fría” (por ahora, sólo comercial) contra China Popular, los exportadores alemanes que colocan sus
productos en el mercado pekinés, se muestran renuentes a acatar los “diktats” de Washington y
comprometer sus relaciones con clientes que hacen parte de su cartera de ingresos. Por su lado,
sindicatos importantes, representantes de grandes empresas alemanas de obreros y empleados, dan
sus pareceres en mitines en calles y plazas públicas: ahora saben que no son los extranjeros migrantes
los que los dejan sin trabajo, sino las propias direcciones privadas de empresas germanas junto con
un gobierno inútil.
Como correctamente se define una parte del momento alemán: “El gobierno se fue desgastando por
su incapacidad para conducir la crisis, por su política de apoyo al eje Otan-Ucrania en la guerra en
Ucrania. (Michel) Scholz puso en marcha el mayor programa de rearme de la historia de Alemania.”
Expuesto lo anterior, oiremos en América los quejumbrosos lamentos germanos que ya no sólo se
referirán los costos del gas y el combustible para el invierno: a ello habrán de agregarse otros pesares
que los comicios no resuelven. A vía de ejemplo, la predicción de organismos internacionales acerca
del PBI 2025 en Alemania: crecerá un uno por mil.
Asimismo, se sostiene que hay partidos, junto con alguno de los “chico”, que se favorecieron de la crisis:
“(…) han crecido partidos que aparecen como opositores a la guerra, como la ultraderechista Alternativa
para Alemania (segundo lugar en los comicios) y la “izquierdista” (de raíz conservadora en torno a las
migraciones) Alianza Sahra Wagenknecht”
Un reporte del semanario argentino Prensa Obrera pinta rápida y certeramente algunas de las
situaciones que aquí expuse. El semanario lo expresa de la siguiente forma, de acuerdo con una
nota de Nazareno Suozzi: “La burguesía alemana enfrenta un panorama sombrío; las automotrices
están en crisis y vienen perdiendo terreno frente a sus competidores chinos fuera de Europa –y en
el interior del gigante asiático, donde Mercedes Benz y Volkswagen obtienen el 30% de sus
beneficios”.
Respecto a lo sucedido el pasado domingo y el voto que obtuvo cada agrupamiento partidario, se
debe señalar que de acuerdo con los resultados oficiales que tengo a la mano, las predicciones de
las encuestas señalaron que el predominio sería para el conglomerado socialcristiano (lo cual se
cumplió) y éste formaría una nueva alianza (tripartita, por lo menos) y escogerá como “premier”
a su conductor, Friedrich Merz. Este personaje y los consocios bávaros del CSU, afirmaron que
no quieren hacer una alianza que incorpore al gobierno a los ultrareaccionarios
de Alternativa para Alemania (AfD). Entonces, tal cual lo indican los resultados, la combinación
aliancista que parece mostrar más futuro para formar gobierno es la de un pacto base de socialcristianos
de la CDU y socialdemócratas (SDP) desalojados de la conducción principal de gobierno.
Si se da de la manera que se me ocurrió, se necesitará un tercer (y quizá hasta un cuarto) espacio
para sostener el ejercicio ejecutivo que conduciría Merz y allanar los términos económicos de las
proposiciones a ejecutar. Recordemos que el Scholz de la campaña propuso la creación de un bono “made
in Germany” para atraer inversiones extranjeras, la reducción del IVA en los alimentos y un tope a las
tasas por el uso de redes eléctricas para reducir costos energéticos. De su lado, Merz rechazó el plan de
Scholz y lo calificó de una fórmula tradicional de la socialdemocracia basada en el aumento de impuestos,
la deuda y el gasto estatal. Propuso reducir los impuestos empresariales del 30% al 25%, señalando que esto
impulsaría la competitividad empresarial, el crecimiento económico y la recaudación fiscal. Criticó la política
energética del actual gobierno, asegurando que durante su mandato no se desconectará ninguna central sin un
reemplazo viable.
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