Por: Enrique Fernández*
El Imperio se ¿Reinventa o Autodestruye?
El 2 de abril de 2025, en el marco de su segundo mandato, Donald Trump desató una de las mayores guerras comerciales de la historia moderna. Aranceles del 54% contra China, junto con medidas específicas contra México, Canadá y la Unión Europea, marcan el regreso de un proteccionismo agresivo que recuerda al capitalismo primitivo. Sin embargo, esta ofensiva trasciende lo económico: es una maniobra geopolítica que desnuda la hipocresía de Estados Unidos como supuesto defensor de la democracia, mientras socava su propio sistema judicial y despliega herramientas como los aranceles como armas neocoloniales. En este análisis disruptivo, exploramos cómo EE. UU. fabrica crisis para perpetuar su hegemonía, las grietas internas que lo corroen y las oportunidades y desafíos que esto plantea para el tercer mundo.
I. La Máscara del Paladín Democrático: Justicia Selectiva y Corrupción Interna
1.1 El Teatro de la Legalidad Imperial
Estados Unidos se presenta como el adalid de la justicia global, condenando dictaduras en el Sur Global, pero opera bajo un sistema de impunidad estructurada que protege a su élite. Los indultos presidenciales de Trump, como el otorgado a Steve Bannon en 2024 por delitos financieros, contrastan con la persecución implacable de Denunciantes como Julián Assange. Esta doble moral se extiende al ámbito fiscal: según el IRS (2025), el 0.1% más rico evade el 20% de los impuestos federales, mientras los pobres enfrentan penas de cárcel por deudas mínimas. Como señaló Anatole France con ironía: «La ley, en su majestuosa igualdad, prohíbe al rico y al pobre dormir bajo los puentes». La justicia estadounidense, antaño un modelo, se ha convertido en un escenario donde la élite se blinda y los disidentes son silenciados.
1.2 La Crisis Fabricada del Sistema Judicial
La corrupción interna erosiona aún más la legitimidad de EE. UU. El 78% de los ciudadanos desconfía del Tribunal Supremo tras decisiones como Trump vs. Colorado (2025), que protegió la candidatura de Trump pese a acusaciones de insurrección. Mientras Washington critica el «autoritarismo» de países como Nicaragua, su propio Congreso recurre a indultos partidistas para anular sentencias incómodas y se indultan a familia y allegados cercanos a sus presidentes. Lejos de ser un colapso, esta crisis fabricada refleja una estrategia deliberada: el imperio se reinventa desde adentro, sacrificando su fachada democrática para preservar el poder.
II. La Guerra Comercial de 2025: Aranceles como Armas Neocoloniales
2.1 El guion repetido: Capitalismo primitivo 2.0
Los aranceles de Trump —45% -54% a China, 25% a la UE, 25% México y Canadá y del 18% a los países menos amigos y desobedientes de América latina— evocan los Tratados Desiguales que Gran Bretaña impuso a China en 1842. El «Acuerdo de Reciprocidad Forzada» (2025) obliga a competidores como TSMC a trasladar su producción de chips a Arizona, destruyendo cadenas de valor globales para recolonizarlas bajo control estadounidense. Estos aranceles no son una mera política económica: son herramientas coercitivas diseñadas para someter tanto a aliados como a adversarios.
2.2 SWIFT: La Soga Invisible del Neocolonialismo
Cuando los aranceles no son suficientes, EE. UU. recurre al sistema SWIFT como arma financiera. Excluir a naciones como Rusia (2022) o Venezuela (2024) de esta red de pagos internacionales equivale a un estrangulamiento económico. La reintegración se ofrece a cambio de concesiones draconianas: adoptar el dólar digital (FedNow) o abrir mercados a gigantes tecnológicos como Google Cloud. Irán, por ejemplo, perdió el 50% de su comercio tras su exclusión en 2018 y hoy negocia con criptoyuanes chinos para sobrevivir. Según el Atlantic Council (2025), el 62% de las sanciones SWIFT desde 2001 han sido impulsadas por EE. UU., consolidando su dominio sobre las finanzas globales.
III. El Manual Maquiavélico: Crisis, caos y «Salvación» Controlada
3.1 La Trampa de la Ayuda Bondadosa
Adaptando a Maquiavelo, EE. UU. sigue el principio de «sembrar miedo para luego vender protección«. En Ucrania (2023-2025), la guerra financiada por Occidente dejó un país devastado, solo para que la «reconstrucción» sea monopolizada por BlackRock (gestión de fondos) y Monsanto (agricultura transgénica). Estas crisis fabricadas permiten a EE. UU. presentarse como salvador mientras extrae beneficios estratégicos, perpetuando la dependencia de las naciones afectadas.
3.2 Tecnología y Dependencia: El Caballo de Troya Digital
La «ayuda» estadounidense viene con condiciones ocultas que aseguran el control a largo plazo. Gobiernos como el de México adoptan estándares de AWS o Azure para su infraestructura digital (ej. IA «segura» de Microsoft, 2024), mientras monedas locales se atan a Stablecoins de Wall Street (ej. CoinBase-USD en Ecuador). Argentina, tras acuerdos con Silicon Valley, avanza hacia una dolarización forzada. Esta imposición tecnológica y financiera convierte a los países receptores en satélites del imperio digital estadounidense.
El dominio financiero y tecnológico: ¿un gueto imperial en ciernes?
Tras la fachada de los aranceles, se vislumbra una ambición más profunda. Estados Unidos alberga el mercado bursátil más grande del mundo —la Bolsa de Nueva York manejó un valor de mercado de $25.6 billones en 2023, según Statista— y es el epicentro de las mayores transacciones financieras globales. Es también la cuna de las «ballenas tecnológicas» (Apple, Amazon, Google) y un jugador clave en el auge de las criptomonedas, con el bitcoin y otros activos digitales respaldados por consorcios estadounidenses.
¿Coincidencia? No del todo. La criptonización del dólar, un proyecto en marcha con propuestas como el «dólar digital» del Banco de la Reserva Federal, podría consolidar su hegemonía monetaria en la era digital. Si EE. UU. controla los mercados, la tecnología y las reglas de intercambio, ¿no es lógico inferir que aspira a un gueto imperial? Un orden donde el comercio, las finanzas y los medios globales se manejen desde Washington, relegando al resto del mundo a un rol subordinado. Los aranceles, en este sentido, son una herramienta coercitiva neocolonial, un intento de someter mediante el intercambio comercial mientras se fortalecen feudos ideológicos regionales.
Pero esta estrategia tiene fisuras. Alienar a aliados y acelerar la búsqueda de alternativas al dólar —como el yuan digital, que ya se usa en transacciones entre China y países del BRICS— podría debilitar la supremacía financiera de EE. UU. más rápido de lo previsto.
IV. El Tercer Mundo en la Encrucijada: Implicaciones para el tercer mundo: ¿oportunidad o amenaza?
Para el tercer mundo y los países dependientes, esta guerra comercial es un arma de doble filo. Por un lado, enfrentan el riesgo de represalias económicas y la pérdida de acceso al mercado estadounidense, que sigue siendo un destino clave para exportaciones como las manufactureras de México o las materias primas de África. Por otro, se abre una ventana histórica para la autodeterminación. ¿Y si este es el momento de romper los yugos comerciales impuestos?
La diversificación de mercados es una opción viable. En 2022, el comercio Sur-Sur (entre países en desarrollo) alcanzó los $5.5 billones, según la UNCTAD, un 60% del comercio total de estas naciones. Fortalecer bloques como la ASEAN, Mercosur o la Unión Africana, y buscar alianzas con potencias emergentes como China o India, podría mitigar el impacto de los aranceles y reducir la dependencia de EE. UU. La respuesta soberana y autónoma no solo es posible, sino necesaria.
4.1 Alternativas Emergentes y Sus Desafíos
Frente a la coerción de EE. UU., el tercer mundo explora opciones como el sistema CIPS de China, que ya procesa el 25% del comercio global, o el BRICS+, que impulsa el petro-yuan. Sin embargo, estas alternativas tienen limitaciones: CIPS depende del yuan, y el BRICS+ sufre de divisiones internas. Iniciativas regionales como el Sucre digital en América Latina buscan soberanía, pero carecen de escala. Ejemplos prometedores incluyen alianzas Sur-Sur, como los acuerdos Venezuela-Irán-India para eludir SWIFT en el sector energético, o la apuesta por tecnologías propias, como las redes 6G de Huawei frente a Starlink.
4.2 La Única Salida Realista
Para reducir su vulnerabilidad, los países del tercer mundo deben priorizar monedas respaldadas en Productos básicos (comodities)—oro, litio, petróleo—, como ya exploran Rusia e Irán con un patrón oro. África y América Latina podrían seguir este camino, pero la historia advierte: quienes no lo hagan, como Egipto en 2024, terminan cediendo activos estratégicos a corporaciones como BlackRock. La autodeterminación exige invertir en infraestructura propia y resistir las trampas de la «ayuda» condicionada.
V. Conclusión: El Imperio No Muere, Se Reinventa
El imperio estadounidense no está al borde del colapso; está mutando hacia una forma más brutal de hegemonía. Esta reinvención tiene dos caras:
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Para el 80% global: Mayor pobreza y dependencia. África subsahariana, por ejemplo, enfrentará un sobrecosto del 17% por aranceles, según el FMI (2025).
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Para el 1%: Una oportunidad para resetear el capitalismo, fusionando el «Great Reset» de Davos con el trumpismo.
Hacia 2030, EE. UU. podría dominar el 70% de la nube digital (AWS, Google) y las criptomonedas, mientras China y Rusia consolidan un bloque comercial autárquico. América Latina, atrapada entre países dolarizados (Argentina, Ecuador y El Salvador) y rebeldes (México, Brasil), será el epicentro de esta nueva guerra fría. Los imperios no caen; se reciclan en estructuras más opresivas. La pregunta final es: ¿Quién tendrá el valor para incendiar el circo?
*(Redactor invitado)
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